Esta vivienda de 128 m² se reorganiza para construir un espacio doméstico luminoso y continuo donde conviven estar, comedor y trabajo. La intervención apuesta por una arquitectura serena y honesta, basada en la recuperación de elementos existentes y en el uso de materiales naturales.
La zona de día se articula en torno a un gran espacio abierto donde salón, comedor y despacho–sala de música se relacionan visualmente a través de carpinterías interiores acristaladas que filtran la luz y amplían la percepción del espacio. La estructura original de madera se mantiene vista, aportando carácter y memoria al conjunto.
El proyecto se completa con dos dormitorios, dos baños y una zona de lavandería integrada. La materialidad se resuelve con una paleta cálida y atemporal —madera natural, cerámica y acabados blancos— que refuerza la sensación de calma y continuidad en toda la vivienda.